martes, 25 de marzo de 2014

Apología a la nada o como vivir en el desierto más árido del mundo



El desierto es un entorno de revelaciones, un lugar de una genética y una psicología extrañas, de una sensorialidad austera, con una estética abstracta y una historia cargada de hostilidad […]. Sus formas son audaces, incitantes. La mente queda presa de la luz, el espacio, la originalidad cinestética de la aridez, las altas temperaturas y el viento. El cielo del desierto es envolvente, majestuoso y terrible. En otros hábitats, la línea del horizonte se quiebra o se oscurece; en el desierto se funde con la bóveda que está sobre nuestras cabezas, infinitamente más vasta que la que se divisa en las grandes extensiones donde se despliegan campos y bosques […]. En este cielo panorámico, las nubes parecen más compactas y a veces la concavidad de su parte inferior refleja con magnificencia la curvatura del globo terráqueo. La angularidad de las formas terrestres del desierto confiere una arquitectura monumental a las nubes tanto como al mismo relieve […]. Es al desierto adonde se dirigen los profetas y ermitaños, adonde van los peregrinos y exiliados. Es en él que los líderes de las grandes religiones han buscado los valores terapéuticos y espirituales del retiro, no para escapar de la realidad, sino para descubrirla.
    
    PAUL SHEPARD, Man in the Landscape: a Historic View of the Esthetics of Nature
 
Naturalmente el hombre se ha visto enfrentado a experimentar diversos sentidos en su periplo por explorar el mundo, desde el miedo a lo desconocido hasta alcanzar la supervivencia bajo un clima de adversidad que invita a una vida salvaje, alejada de la comodidad como la conocemos y en donde  descubrir la verdad parece ser la única razón que nos permite aventurarnos en una fatídica experiencia. Bajo sus lentes color sepia, silencio estremecedor y ausencia de movimiento, es en el desierto donde convergen un sinfín de emociones que nos envuelven en un ápice de interrogantes existenciales, donde lo único cierto es que el origen de la existencia es el movimiento. Por eso, el viaje es una experiencia que nunca termina, sólo tenemos que aprender a no temerla.